EL OBITUARIO DE ALFRED NOBEL

enero 26, 2017

Los justos caminan con integridad. Proverbios 20:7

¿Le gustaría leer su propia esquela mortuoria en el periódico? Eso es lo que le sucedió a Alfredo Nobel, el químico sueco que inventó la dinamita, y se hizo rico mediante la producción industrial de este y otros explosivos. Parece ser que un reportero francés le confundió con su hermano y publicó la noticia de su muerte. Cualquiera hubiera quedado sorprendido, pero Alfredo Nobel quedó pasmado y confundido. En un instante se vio a sí mismo como otros le veían, un descubrimiento extraordinario que no todos hacen. Él era para el mundo “el rey de la dinamita”, el industrial que se había hecho millonario produciendo explosivos. Para el público en general, esta era toda la historia de Nobel, para ellos era sólo el “mercader de la muerte”

Horrorizado por esta tremenda esquela mortuoria, resolvió hacer algo distinto en su vida. Su testamento establece cuáles fueron sus ideales en la vida: Cinco premios que llevan su nombre y que son otorgados cada año para galardonar los más altos logros en favor de la cultura, el progreso y la paz.

El cuento nos enseña que Alfred Nobel aunque creía que con su invento había hecho lo correcto, en realidad la gente consideraba lo contrario, por ello le apodaban el “mercader de la muerte” Esto nos hace meditar si nuestros actos aparentemente “correctos” son correctos pero ante los ojos de Dios y no de los hombres.

Ser integro es ejecutar lo que decimos y pensamos, de esta manera se evidencia lo que somos, nuestros actos demuestran nuestra integridad. En el caso de un creyente su integridad se evidencia cuando sus pasos están alineados bajo la Voluntad de Dios.

¿Lo que pensamos, decimos y hacemos está en armonía, primordialmente con Dios?

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