APRENDER A CONFIAR EN DIOS

septiembre 19, 2016

Nos sentíamos como condenados a muerte. Pero esto sirvió para enseñarnos a no confiar en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos. 2 Corintios 1:9

En una página web donde se dan consejos a las personas que son socorristas o salvavidas es la siguiente: «Parte de la formación de expertos de un socorrista es saber cuándo una víctima está poniendo en peligro su propia vida y la del socorrista. Si la persona que está en peligro tiene pánico durante su rescate, el socorrista puede tener que recurrir dejarlo inconsciente. El control de una persona inconsciente en el agua es mucho más fácil que tratar con el pánico y con una persona impredecible»

Un crítico problema que los cristianos tenemos es querer «ayudar a Dios» cuando estamos en dificultades o aferrarnos a cosas que creemos son las que nos salvarán inhabilitando de esa forma la intervención pura y divina de Dios. Tal cual como se explica a los socorristas, si tratamos de salvarnos con nuestras propias fuerzas o queremos ayudarle, en lugar de ser útiles nos convertimos en problemas para ellos. Lo mismo sucede con Dios, si intentamos «ayudarle» realmente lo estamos estropeando todo, porque no le dejaremos actuar como Él es: Omnipotente y Omnisciente.

La moraleja es que hay que aprender a confiar en Dios y renunciar a la confianza puesta en nosotros mismos o en cosas diferentes a Dios, pues todo lo que hagamos sin la ayuda de Él, es contrario a Su Voluntad, por lo tanto rindámonos y dejémonos llevar por Su Poder.

¿A qué estamos aferrados que no permitimos que el Señor nos salve? Sólo queda rendirnos, soltarnos en sus brazos, permitir que Jesucristo nos salve y nos lleve a Su Puerto Seguro, que nos ¡salve! Soltemos todo lo que creemos nos pueda salvar que sea diferente a las Manos de Jesucristo.

 

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