DARSE AL SEÑOR

noviembre 20, 2015

Estaba ardiendo una casa. Todos se habían salvado, excepto un niño, en el segundo piso. La escalera estaba llena de llamas y humo y no había salida sino por la ventana.

—¡Papá, papá! ¿Cómo escaparé? —gritaba el niño.

Aquí estoy –gritaba el padre—: déjate caer, te recibiré en mis brazos; tírate, Carlitos, yo te recibiré.

Carlos salió a gatas por la ventana, pero allí quedó agarrado, porque tenía miedo, sabiendo que era muy largo el trecho hasta la calle.

—Suéltate, déjate caer —gritaba el padre.

—No puedo verte, papá.

—Pero yo sí te veo: aquí estoy; ten confianza, suéltate, que yo te salvaré.

—Tengo miedo de caer.

—Suéltate, tírate —gritaban otras voces—, tu padre te recibirá con toda seguridad; no tengas miedo.

Acordándose de la fuerza y del amor de su padre, el niño recobró la confianza y se dejó caer. A los pocos instantes se halló salvo en los brazos de su padre.

Versículo para tener en cuenta:

Sin embargo, los que el Padre me ha dado, vendrán a mí, y jamás los rechazaré. Juan 6:37

Punto de Reflexión:

Parodiando a Shakespeare: Confiar en Dios o no confiar, he ahí el dilema. Nuestro gran dilema es ese, muchos se quedan en solo creencias de conocimiento, efectivamente Jesucristo sí existió tal como Napoleón o Atila, pero entregarse a Él – por fe – es confiar la vida y dejarse guiar por Aquel que se cree es el Único que puede salvar, la salvación no es cuestión de inteligencia, es cuestión de confianza, esperanza y amor en Jesucristo, no nace de la cabeza, surge del corazón.

¿Y qué tal tú?

¿Le has confiado tu vida a Jesucristo?

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