DEJANDO HUELLA

julio 20, 2016

Sé un ejemplo para todos los creyentes en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza. 1 Timoteo 4:12

Se cuenta que el rey Jorge V de Inglaterra, fue un día a visitar una fábrica de cerámica. El propietario le mostraba todo el proceso de fabricación que se hacía partiendo de la materia prima que es el barro. Había gran variedad de vasijas de todo tipo. En un lugar donde tenían ya las piezas preparadas para ser metidas y cocidas en los hornos, el rey tocó con sus dedos un plato y lo hizo con la suficiente fuerza como para dejar, sin darse cuenta, sus huellas en el barro todavía blando. El dueño de la fábrica se dio cuenta del hecho pero no dijo nada. Nada más marcharse el rey, aquel hombre fue corriendo a recoger la pieza de barro donde estaban las huellas de los dedos del rey y la coció con un interés especial. Una vez terminada la pieza, la exhibió, informando que aquel plato tenía un valor excepcional porque tenía las huellas del rey. Por cierto que lo vendió a buen precio.

Nosotros vamos por la vida tocando personas. Cuando nosotros tocamos, ¿se revaloriza o se devalúa lo que tocamos?

Tocamos niños y jóvenes, que son como barro blando y dejamos en ellos nuestras huellas. También tocamos nuevos creyentes, que son también barro blando, ¿adquieren más valor o pierden cuando nosotros les tocamos?

Adoptado del libro 502 Ilustraciones de José Luis Martínez. Cuento 8.

Evaluemos si nuestro toque está dando valor, pero precisemos si dicho toque lleva a que las personas se puedan acercar con entusiasmo para conocer a Cristo, a Aquel que hemos elegido como nuestra Luz, Guía y Señor de nuestra vida. ¿Les das valor porque les enseñas de Cristo o les enseñas cosas del mundo?

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