¿DÓNDE SE QUEDÓ?

octubre 2, 2017

Por tanto, id, y enseñad a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Mateo 28:19

Cuando comparto el Evangelio de Jesucristo, a veces utilizo las 4 Leyes Espirituales de Bill Brigth como modelo, el cual me parece sencillo, ordenado y eficaz.

Con este modelo si las personas no se entregan al Señor, es porque en alguna de las 4 leyes se atoró y abortó el proceso.

Si no pueden pasar de la Primera Ley: Dios te ama y tiene un plan maravilloso para ti. Es porque seguramente están aferrados a religiones o creencias que les han inculcado erradamente desde niños. O porque se creen ateos o agnósticos, así que rechazan al Señor.

Unos pasan este primer filtro, pero cuando llegan a la Segunda Ley: El hombre es pecador; se niegan a aceptarlo porque no desean abandonar sus actividades de pecado y prefieren seguir así.

Si no pasan la Tercera Ley: Jesucristo es la única provisión de Dios para el pecador; es porque adoran otros dioses y no quieren que Jesucristo sea su Señor y Salvador. Creen en ídolos, iconos religiosos, en creencias que les han enseñado en sus religiones, pero definitivamente rechazan al Señor Jesucristo como su ÚNICO Salvador y Señor para sus vidas.

Pero si al llegar a la Cuarta Ley: la decisión personal de recibir a Jesucristo; no aceptan al Señor, es porque aún convencidos de todo lo anterior, han elegido y prefieren vivir sin Él.

Tenga en cuenta esto: Dios no forzará a nadie para que le ame, es una decisión personal, por ello es importante que cada uno decida si quiere seguirle o no.

¿Hasta dónde llegaste? Si has llegado hasta entregarte a Jesucristo como tu Señor y Salvador, entonces Él te dará la salvación gratuitamente. Si así es, puedes hacer una oración como sello de tu compromiso con el Señor Jesucristo e inmediatamente establecer una verdadera, sincera y estable relación con Él, seremos salvos por la fe en el Señor Jesucristo, porque creemos que Él nos ha dado la salvación por su infinito amor.

Señor Jesucristo:

Gracias porque me amas y entiendo que te necesito. Te abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Señor y Salvador. Ocupa el trono de mi vida. Hazme la persona que Tú quieres que sea. Gracias por perdonar mis pecados. Gracias por haber entrado en mi vida y por escuchar mi oración según tu promesa.

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