EL CHINO EN EL POZO

febrero 23, 2017

Jesús le contestó: —Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí. Juan 14:6

Un chino que se había caído en un pozo, estaba con el agua al cuello y casi ahogado por el barro, clamando que alguien le ayudara. En eso apareció un anciano de aspecto venerable que le miro desde arriba y le dijo:

-Hijo, este es un lugar muy desagradable.

-Sí que lo es. ¿No puede usted ayudarme a salir?

-Hijo mío me llamo Confucio. Si hubieras leído mis obras y seguido lo que ellas enseñan, nunca hubieras caído en el pozo.

Y con eso se fue. Después llegó otro personaje, esta vez un hombre que se cruzaba de brazos y cerraba los ojos. Era Buda y le dijo:

-Hijo mío, cierra tus ojos y olvídate de ti mismo. Ponte en estado de reposo. No pienses en ninguna cosa desagradable. Así podrás descansar como descanso yo.

-Sí, padre, lo haré cuando salga del pozo. ¿Mientras tanto?

Pero Buda se había ido. El chino ya estaba desesperado cuando se le presentó otra persona, muy distinta. Llevaba en su rostro las huellas del sufrimiento, y le gritó:

-Padre, ¿puedes ayudarme?

Y entonces bajó hasta donde estaba. Le tomó en sus brazos, le levantó y le sacó del pozo. Luego le dio de comer y le hizo descansar. Y cuando ya estaba bien no le dijo “No te caigas más”, sino “Ahora andaremos juntos”. Y desde entonces anda junto a Él: Jesús de Nazaret, El Dios Vivo.

Anónimo

REFLEXIÓN

Este cuento nos lleva a revaluar para qué sigue a alguien. Cualquier propuesta de Buda o Confucio, o cualquier otro no pueden compararse jamás con lo que Jesucristo hizo, dijo y propuso, Él trajo la Vida espiritual, la salvación y la resurrección del pecador.

La cuestión primordial no es perfeccionarse en disciplinas para ser mejor persona. La cuestión es entender que todos vamos a morir, y por más disciplina y paz que haya implementado en su vida, sino ha reconocido su pecado, si no ha aceptado su condición de pecador, no podrá ser salvado por el Único que lo puede hacer: Jesucristo. Los otros con sus propuestas de paz y sabiduría, sólo le conducen a tener una correcta y buena relación con usted mismo y con los demás, pero no así, su condición espiritual y de salvación. ¿A quién elige seguir y para qué?

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