EL CONTAGIO

septiembre 25, 2015

Cuando Adán pecó, el pecado entró en el mundo. El pecado de Adán introdujo la muerte, de modo que la muerte se extendió a todos, porque todos pecaron. Romanos 5:12

Mary Mallon vivía en Nueva York y trabajaba de cocinera para varias familias adineradas. No fue hasta 1907, seis años después de su primer empleo, que los investigadores del Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York relacionaron sus cambios de empleo con la declaración de casos de Salmonela en las casas donde trabajó. Debido a ello se le llamó “María Tifus” porque era un deposito ambulante de la mortífera enfermedad. Mary despareció pero cinco años después se detectaron casos similares en un hospital de Nueva York y entre los empleados estaba registrada “María Tifus” Esta vez fue confinada a una institución para evitar que siguiera contagiando más gente, hasta su muerte en 1938. Nadie sabe cuántos casos de tifus y fallecimientos resultaron del contacto con “María Tifus”, se cree que fueron unos doscientos.

Tomado del libro “Una pausa en tu vida” Pablo Martini. La enfermedad que contagia.

Podemos inferir de La Biblia, que la naturaleza del pecado se hereda, es un “pecado genético”, al nacer ya está en nuestro ser, por esa razón tendemos al mal y no al bien. Y debido a esta naturaleza pecaminosa, pecamos deliberadamente, por eso hacemos cosas que hacen daño (robar, matar, adulterar, codiciar, engañar, mentir…etc.) y adoptamos hábitos y malas costumbres que otras personas aprenden, y tal cual como “María Tifus”, contagiamos a quienes se relacionan con nosotros. La vacuna para este tipo de mal, se llama Jesucristo, solamente aceptándole como nuestro Señor y Salvador podemos ser transformados de la naturaleza pecaminosa a tener Su Naturaleza Santa, y así relacionándonos con Él podemos ir cambiando nuestros viejos hábitos en buenos y sanos que favorezcan nuestra vida y la de otros.

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