EL DESALIENTO

abril 17, 2017

No se desanimen ni se asusten, ni tiemblen frente a ellos. ¡Pues el SEÑOR su Dios va con ustedes! ¡Él peleará por ustedes contra sus enemigos y les dará la victoria!” Deuteronomio 20:3,4

Se anunció que el diablo se retiraba de sus negocios y que ponía en venta todas sus herramientas. El día de la liquidación, todas estaban atractivamente expuestas: Malicia, odio, envidia, celos, sensualidad, engaño, entre otras muchas. Cada una estaba marcada con su precio.

En un lugar predominante lucía una herramienta cuidadosamente preparada y exhibida. Su precio era el más elevado. -¿Cuál es aquella herramienta? – le preguntaron. -El desaliento – respondió el diablo ¿Por qué la valora tanto?

-Porque es la más útil que tengo – replicó el diablo-. Puedo hacer que entre en una persona y afectarle profundamente cuando ninguna otra herramienta me daría resultado, porque no encontraría la puerta abierta. JOE TRULL[1]

REFLEXIÓN

Una de las cosas más temibles que un creyente puede padecer en cualquier momento de su vida es el desaliento, porque hace de la persona un ser pusilánime sin ganas de luchar por alcanzar sus proyectos y metas.

¿Cómo se puede dar el desaliento en la vida del creyente? Cuando el creyente acepta el engaño como verdad que el maligno le está diciendo. Si el creyente se aprehende de su carnada, quedará esclavo de su engaño y caerá indefectiblemente en el desánimo. Perderá lo más valioso que un creyente puede tener: su confianza en Cristo.

¿Cómo puede un creyente desprenderse o evitar el desánimo?

El desánimo se combate con fe, es cuestión de confiar en Jesucristo, es cuestión de creerle a su Verdad, a Su Palabra, a Sus Promesas, en los regalos recibidos de Dios; por lo tanto debe evaluar a qué le va a creer, si a los engaños que le atormentan en la mente o a la Verdad que le da Jesús.

Ahora es imprescindible tener en cuenta que si el creyente no tiene los hábitos correctos de relacionamiento con Cristo, el engaño del maligno se apropia de él y le genera desanimo. Cada uno debe desarrollar hábitos de relacionamiento con Cristo con el fin de solidificar la Verdad que Él nos da, de lo contrario en cada momento el maligno le estará proveyendo de ideas e imágenes engañosas para precisamente desanimarle. O se relaciona sinceramente con Cristo o espere en su corazón el tan temible desánimo y sus respectivas consecuencias.

 

[1] Tomado y adaptado del Libro: Quinientas dos ilustraciones compiladas por Alfredo Lerín. Casa Bautista de publicaciones. 2005.

 

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