EL EMPERADOR QUE DESTRUYÓ SUS ENEMIGOS

abril 28, 2017

43 »Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo.

44 Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen!

46 Si sólo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo.

47 Si eres amable sólo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo. Mateo 5:43-44, 46-47

Se cuenta que cierto emperador chino, cuando le avisaron que en una de las provincias de su imperio había una insurrección, dijo a los ministros de su gobierno y a los jefes militares que lo rodeaban:

-Vamos. Seguidme. Pronto destruiré a mis enemigos.

Cuando el emperador y sus tropas llegaron a donde estaban los rebeldes, él trató afablemente a éstos, quienes, por gratitud, se sometieron a él de nuevo. Todos los que formaban el séquito del emperador pensaron que él ordenaría la inmediata ejecución de todos aquellos que se habían sublevado contra él; pero se sorprendieron en gran manera al ver que el emperador trataba humanitariamente y hasta con cariño a quienes habían sido rebeldes. Entonces el primer ministro preguntó con enojo al emperador:

-¿De esta manera cumple vuestra Excelencia su promesa? Dijisteis que veníamos a destruir a vuestros enemigos. Los habéis perdonado a todos, y a muchos hasta con cariño los habéis tratado.

Entonces el emperador, con actitud generosa, dijo:

-Os prometí destruir a mis enemigos; y todos vosotros veis que ya nadie es enemigo mío; a todos los he hecho mis amigos.[1]

Reflexión:

¿Cuánto es el costo de una guerra? ¿Cuánto es el costo de vivir en paz? Desde el ámbito político, las guerras traen consigo muertes, miseria y dolor. La paz trae consigo prosperidad y nuevas esperanzas para progresar socialmente. En igual circunstancia en el ámbito personal cada uno puede decidir si quiere tener guerra o paz en el corazón, las consecuencias serán similares y por ello las evidencias de cada decisión se reflejarán en su comportamiento. Quien elige tener enemigos ha decidido que en su corazón no gobierne Dios, sino el mal, la muerte y la miseria, por lo tanto en su vida se reflejarán dolorosos y lamentables actos que también le harán mal. Quien elige tener amigos, entonces se pone en las sandalias de Cristo y como tal querrá hacer el bien, dar amor y preservarla paz. Esta decisión debe estar entonces acompañada de algo muy importante en la mente del creyente y es reconocer a quién se quiere parecer, si a Cristo o al maligno. La decisión que tomé le generará un reflejo de lo que se parecerá.

Es común observar «creyentes» con su corazón envenenado por el odio y la maldad, y que por supuesto no reflejan a Cristo en sus acciones cotidianas, sino lo contrario, desdicen de Aquel a quién dicen seguir y reflejan al maligno. Por ello la gente no puede comprender por qué si dicen ser seguidores de Cristo, sus comportamientos son similares a los del diablo. Y ello obedece a que no han aceptado a Cristo totalmente sino en aquellas partes que a ellos les conviene.

Para ser como Cristo, es necesario aprehenderse de Su Mente, querer y aceptar ser como Él, pensar como Él, vivir como Él. No podremos amar a nuestros enemigos, si no hemos aceptado a Cristo plenamente en nuestro corazón. Si aún poseemos enemistades, odios, rechazos hacía otros, es razón fundamental para reconsiderar por qué nos comportamos como diablos y no como Cristo y entrar a evaluar la Salvación y la Comunión con Dios, por ello es importante responder a estas preguntas: ¿Realmente he aceptado y he recibido a Cristo en mi ser? ¿Realmente he aceptado que Cristo sea mi gobernador de todo mí ser?

[1] Tomado y adaptado del libro 500: Ilustraciones de Alfredo Lerin

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