EL FLORERO DE PORCELANA

noviembre 14, 2017

Pero Finees tuvo el valor de intervenir y la plaga se detuvo. Salmo 106:30 [NTV]

UN CUENTO

El gran maestro y el guardián se dividían la administración de un monasterio Zen. Cierto día, el guardián murió y fue preciso substituirlo.

El gran maestro reunió a todos los discípulos para escoger, quien tendría la honra de trabajar directamente a su lado.

Voy a presentarles un problema -dice el Gran Maestro- Y aquel que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.

Terminado su corto discurso, coloco un banquito en el centro de la sala.

Encima estaba un florero de porcelana carísimo con una rosa roja que lo decoraba.

Este es el problema dice el Gran Maestro-. Los discípulos contemplaban
perplejos, por lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.

¿Qué representaba aquello?

¿Qué hacer?

¿Cuál sería el enigma?

Después de algunos minutos, uno de los discípulos se levantó, le miro al maestro y a los alumnos.

Después, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

Usted es el nuevo guardián – dijo el Gran Maestro-

Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó:

“Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un problema”

Y QUÉ TAL TÚ

No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado. Y en iguales condiciones, si tomamos del cuento el problema y le llamamos pecado, éste debe ser destruido sin importar lo encantador, agradable y beneficioso que pueda ser, porque de lo contrario le matará.

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