EL PAYASO Y EL PERRO

agosto 17, 2018

Había un hombre que trabajaba para ganarse la vida actuando como como payaso con un perro, el cual había amaestrado con un método cruel e inhumano para que le pudiera obedecer; obviamente el perro le obedecía porque le temía, y para ello utilizaba un garrote con el cual lo amenazaba y si no le acataba lo golpeaba violentamente, además el perro estaba descuidado en todo sentido, no lo alimentaba bien y no lo cuidaba adecuadamente, pues permanecía sucio y estaba enfermo.

El payaso por su crueldad, cuando el perro se enfermó, y creyendo que se moriría, prefirió abandonarlo en la calle. El perro se levantó muy enfermo y caminando por la calle, un niño bondadoso y amable lo adoptó, le prodigo cuidados, amor y respeto, lo alimentaba bien, le curó sus heridas y lo sanó, proveyéndole un hogar cálido y limpio.

Al cabo de un tiempo el payaso encontró al perro y se llenó de envidia al verlo que ya estaba bien saludable y hermoso, entonces fue a la policía exigiendo que se lo devolvieran alegando que el perro era de su propiedad, pero el niño apeló diciendo que se lo había encontrado en la calle, en un pésimo estado y que lo había salvado de que muriera, y alegó que ahora le pertenecía, pues además de sanarlo y ponerlo en perfecta condición, el perro ya le quería como su amo.

Entonces quien hizo de juez, para poder saber de quién era realmente el perro, propuso una prueba, cada uno debía llamar al perro por su nombre y a aquel que el perro obedeciera, ese sería su amo. Y así, se inició la prueba y tanto el niño como el payaso usaron sus propias estrategias de llamado, el mal hombre lo amenazaba con su garrote, y el niño con sus manos abiertas le llamaba cariñosamente. El perro no sabía a quién acudir, si al payaso quien con amenazas le ordenaba que fuera donde él, o al niño que le llamaba con una voz amorosa. El perro entonces empieza a caminar hacia el payaso, y éste sonriente grita y vocifera “Si, si, ven acá”, entonces efectivamente el perro aparentemente le ha elegido y sale corriendo hacia él, y cuando llega, le toma el garrote y lo muerde con mucha ira, lo escupe, le gruñe al payaso e inmediatamente da la vuelta y sale corriendo hacía el niño, que le espera con los brazos abiertos. El perro había elegido bien, pues había reconocido correctamente quien era su verdadero amo.

LA CORRECTA INTERPRETACIÓN DE LA RENDICIÓN

Se le atribuye al pastor protestante y predicador galés Martyn Lloyd-Jones: «Nunca somos libres. Todos en el mundo, en este momento, son esclavos del pecado y Satanás, o esclavos de Jesucristo». Y efectivamente no somos libres, porque desde el ámbito espiritual, querramos o no, siempre le estamos perteneciendo a alguien; ya sea, a Satanás como amo, o al Señor Jesucristo. La decisión de ser esclavo de uno o del otro, depende de, a quién se decide someternse para que sea su Señor, su Amo y su Gobernante en su vida y en su ser; lo cual conlleva a una rendición plena, absoluta y humilde, porque lo que realmente se hace es elegir a quien queremos que se enseñoree de nuestra vida, es decir, a quien le queremos ofrendar nuestro ser para que nos gobierne plenamente.

El perro de este cuento, era esclavo del payaso y sufría las consecuencias de permanecer con él. Pero tuvo una mejor opción y decidió seguirle, eligió un nuevo amo, el cual le había salvado de su lamentable situación, quuiien además le proveyó de alimentos y le ofrecía un hogar cálido y, sobre todo, colmado de amor.

Pero en este mundo, muchas personas prefieren un amo similar al payaso del cuento, prefieren vivir gobernados por una mano autócrata que los someta a esclavizarse del pecado y aceptan preferiblemente las consecuencias que provienen de su maldad. ¿No conocen la Buena Mano de Jesucristo? Por supuesto, pero ellos eligen rendirse a esas migajas que los sacian temporalmente.

Y esta condenación se basa en el siguiente hecho: la luz de Dios llegó al mundo, pero la gente amó más la oscuridad que la luz, porque sus acciones eran malvadas.  Juan 3:19 [NTV]

La rendición a Jesús, es una decisión consciente en la que cada uno sabe a qué va a renunciar del mundo y lo qué va a recoger con Él. Rendirse significa, “deponer” nuestras fortalezas y aceptar las del Señor Jesús.

 

Autor: Gonzalo Arbeláez O.

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