EL REY Y EL LIMOSNERO EGOÍSTA

febrero 18, 2017

Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar. Y no den de mala gana ni bajo presión, «porque Dios ama a la persona que da con alegría. 2 Corintios 9:7

Hubo una vez un limosnero que vio a lo lejos venir al rey. “Le voy a pedir, de seguro me dará bastante” pensó el limosnero y cuando el rey pasó cerca le dijo: “Su majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda?”

El rey le miró y le dijo:” ¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy tu rey?” El mendigo no sabía que responder a la pregunta y dijo: “Pero su majestad…yo no tengo nada” El rey respondió: “¡Algo debes de tener…busca!” Entre su asombro y enojo el mendigo buscó entre sus cosas y encontró una naranja, un pan y unos granos de arroz” Pensó que el pan y la naranja eran mucho para darle, así que en medio de su enojo le dio al rey cinco granos de arroz. Complacido el rey dijo: “¡Ves como sí tenías!” Y le dio cinco monedas de oro, una por cada grano de arroz. El mendigo dijo entonces: “Su majestad…creo que acá tengo otras cosas”, pero el rey no hizo caso y dijo: “Solamente de lo que me has dado de corazón te puedo yo dar”[1]

REFLEXIÓN

Aprender a dar sin esperar recibir algo a cambio es uno de los pasos más importantes en el crecimiento del carácter de Cristo de todo creyente. Cuando damos pero esperamos algo a cambio estamos actuando como si nuestras acciones tuvieran como objetivo obtener beneficios y así lo que demostramos en esencia es ser oportunistas con un tinte de egoísmo. Muchas veces nos comportamos igual que el limosnero del cuento, debido a que nos hemos disgustado cuando hemos entregado algo y no recibimos ni siquiera unas palabras de gratitud, en esencia es la misma naturaleza, en este caso anhelamos ser elogiados o por lo menos ser considerados, lo cual significa que esperábamos recibir una contraprestación, como una reverencia, un favor o algo material. Vale la pena entonces preguntarse, ¿por qué damos? Si no proviene del fruto del amor, será entonces proveniente de obras de la carne y no será correcto la ofrenda porque se hace con el fin de alimentar el ego.

Este cuento nos enseña algo muy valioso sobre el dar con amor y sin interés, por eso es importante reconocer cuál es la intención de nuestro corazón al proveer bienes o nuestros servicios para otros, pero más significativo aun es revisar nuestro corazón cuando damos una ofrenda o hacemos algo para Dios, ¿con qué actitud o con qué propósito lo estamos haciendo?, ¿para recibir algo a cambio o porque queremos enseñar a nuestro prójimo las manos de Jesús interviniendo por medio nuestro?

 

 

 

 

[1] Adaptado del libro “El Bigote del Tigre, parábolas para reflexionar” Autor: Mario López Martín. España. 2010.

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