JESUCRISTO ME LAVA

noviembre 22, 2017

La sangre de Jesús, su Hijo, nos limpia de todo pecado. 1 Juan 1:7 [NTV]

“Cuando un niño sucio entra en su casa, la madre no lo lava para poder amarlo. La madre lo ama, por lo tanto, lo lava. Dios no nos transforma para poder amarnos; nos ama para poder transformarnos. El amor viene antes de la limpieza.

El triunfo del Cordero de Dios (Spanish Edition)”, de Adrian Rogers

La limpieza del pecado se debe ver como algo que requiere amor e intimidad. Jesucristo nos limpia, significa que Él debe tocarnos y por todas partes, para quitarnos la suciedad nauseabunda del pecado.

Si llego a Jesús con la creencia que mis pecados se pueden representar como mugre por polvo y con una sola ducha basta, estoy en un grave error conceptual sobre la concepción de mi mal y agresión a Dios.

Pero si creo que mis pecados me han causado una suciedad purulenta, asquienta, podrida, que se ha encostrado en mi ser y no sólo en mi piel, y no los puedo quitarlos con una ducha, sé que necesito de Jesucristo para que Él me limpie plenamente de todos mis pecados.

Por lo tanto entiendo que (1) no puedo limpiarme por mis propias condiciones sino únicamente con la Sangre Santa del Cordero de Dios, (2) necesito ser intervenido por Jesucristo, lo cual requiere intimidad plena para ser limpiado en todo y por todas partes por Él, y (3) reconocer que Él me ama infinitamente.

Jesucristo me ama, por ello, me limpia, no me limpia por mis obras o porque soy digno, Él me limpia porque me ama y así me hace digno de ser su hijo.

 

 

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