LA NARANJA Y EL ATEO

febrero 25, 2017

Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Salmo 51:1

Un ateo dictaba una conferencia ante un gran auditorio, y después de haber finalizado su discurso, invitó a cualquiera que tuviese preguntas a que subiera a la plataforma. Después de unos momentos un hombre convertido al Señor, acepto la invitación, y sacando una naranja del bolsillo comenzó a pelarla lentamente.

El conferencista le pidió que hiciera la pregunta pero el hombre continuó imperturbable pelando la naranja, al término de lo cual, se la comió. Cuando terminó de comérsela se volvió al conferencista y le preguntó:

-¿Estaba dulce o agria?

-No me pregunte tonterías – respondió el orador con señales evidentes de enojo-. ¿Cómo puedo saber el gusto si no la he probado?

El hombre convertido respondió entonces:

-Y ¿cómo puede usted saber algo de Cristo si nunca lo ha probado?

Hay gente que no prueba un plato porque le han dicho que tiene mal sabor. ¿Pero si no lo prueban, cómo van a determinar si tiene buen o mal sabor? Por ello la respuesta que da el hombre convertido al ateo: ¿Cómo puede usted saber algo de Cristo si nunca lo ha probado? 

Es tan cruel la necedad, que hace que las personas se crean sabias diciendo sandeces, pero lo más cruel es que por ello, pierden la vida eterna.

Cuando usted escuche un “sabio” decir, «no creo en Jesús», lo que realmente usted está viendo ante sus ojos es un necio, una persona que seguramente jamás se ha dado la oportunidad de conocer o mejor dicho de saborear a Jesús, simplemente ha antepuesto sus conocimientos y por eso no permite que el Señor lo toque en su ser.

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