LA RELIGIÓN NO ALCANZA

julio 27, 2016

Así que somos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe y no por obedecer la ley. Romanos 3:28

En un pueblecito, un hombre al ir todos los días a trabajar a la fábrica, se paraba frente al escaparate de una tienda del pueblo y miraba allí durante unos segundos. Después seguía su camino. Así lo llevaba haciendo por varios años, dos veces cada día. El dueño del establecimiento estaba intrigado acerca de la conducta de aquel vecino. Siempre miraba en el escaparate pero nunca entraba en la tienda. Un día decidió preguntarle qué era lo que le hacía detenerse y mirar. Le esperó a que pasara y cuando llegó, le llamó.

-Vecino -le dijo-, llevo muchos meses observando que dos veces cada día usted se pone frente a mi escaparate, mira y luego se va. ¿Qué es lo que mira?

-Yo trabajo en la fábrica del pueblo y una de mis responsabilidades es tocar la sirena que indica la hora de entrada y salida del trabajo. Al ir cada día a la fábrica paso por aquí para comprobar con el reloj que usted tiene en la pared tenga la misma hora que el mío. Si hay alguna variación pongo mi reloj con el suyo y así toco la sirena. El comerciante le había estado escuchando primero con curiosidad y luego con gran asombro. Al terminar el hombre, le respondió:

-Pues mire lo que son las cosas de la vida, yo pongo la hora en mi reloj cuando escucho el toque de la sirena de la fábrica. Cada vez que suena la sirena, yo miro mi reloj y si hay variación, lo corrijo poniéndolo en la hora con el toque de la sirena.

Adoptado del libro 502 Ilustraciones de José Luis Martínez. Cuento 24.

Muchas personas siguen religiones con la errada convicción de seguir a Dios y así se pierden porque obedecieron normas de hombres y no a Dios. El caso del cuento nos enseña que cuando los hombres se apoyan en otros hombres, la necedad es la base de sus principios. El religioso es una persona disciplinada en reglas y doctrinas.

Quien desee seguir a Dios en espíritu y en verdad, necesita nacer de nuevo y ello se alcanza por medio de la fe en Jesucristo, de tal manera que el Espíritu Santo se hallará en su ser y así podrá seguir a Dios fielmente.

 

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