LAS ESPIGAS Y EL TRIGO

septiembre 15, 2018

Cuando producen mucho fruto, demuestran que son mis verdaderos discípulos. Eso le da mucha gloria a mi Padre.  Juan 15:8 [NTV]

Iba un labrador a visitar sus campos para ver si estaban en sazón la cosecha. Había llevado consigo a su pequeña hija, Luisita.

Mira, papá — dijo la niña sin experiencia—, cómo algunas de las cañas de trigo tienen la cabeza erguida y altiva; sin duda serán las mejores y las más distinguidas: esas otras de su alrededor, que la bajan casi hasta la tierra, serán seguramente las peores.

El padre cogió algunas espigas y dijo:

— Mira bien, hija mía: ¿ves estas espigas que con tanta altivez levantan la cabeza? Pues están enteramente vacías. Al contrario, estas otras que la doblan con tanta modestia, están llenas de hermosos granos[1]

Quien no da fruto, es porque en su ser hay un vacío eterno y es que le hace falta la llenura del Espíritu Santo. Pero quien está lleno del Espíritu Santo, da mucho fruto y por ello vive rendido a los pies del Señor.

Damos mucho fruto, no por nuestras obras, no por nuestras estrategias, no porque seamos más inteligentes y hábiles, sino porque vivimos dependiendo del Señor, nos hemos entregado mansamente a Su Señorío y por ello, Él nos llena con Su Espíritu y al colmarnos, nuestra única alternativa es dar todo el amor a nuestro prójimo, por Él y para Él.

Autor: Gonzalo Arbeláez O.

[1] Tomado del libro “500 ilustraciones” de Alfredo Lerín. Las Espigas y el Trigo. No. 63

 

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