MA-NA-SI

mayo 30, 2018

Hace algún tiempo, un chico de doce años, chino, llamado Ma-Na-Si, que era hijo del pastor nativo. Mientras estaba en la puerta de la casa de su padre vio a un jinete que galopaba hacia él. El hombre, un pagano, estaba en estado de gran trastorno, pidió ansiosamente por el «hombre de Jesús»: el pastor. El chico le dijo que su padre no estaba en casa. El pobre hombre estaba desasosegado y le explicó rápidamente la causa de su visita. Había sido enviado desde un poblado cercano, a unas pocas millas de distancia, para ir a buscar al «Santón» a fin de que echara el demonio de la nuera de un amigo. Contó la triste historia de la joven, que estaba siendo destrozada por los demonios, delirante y agresiva, arrancándose el pelo, arañándose la cara, y rasgándose los vestidos, tirándolo todo. Habló de su espíritu sacrílego, su impiedad, sus blasfemias y cómo estos ataques le hacían salir espumarajos por la boca y la dejaban exhausta, física y mentalmente.

«Pero mi padre no está en casa», le repitió el chico una y otra vez. Al fin, el hombre pareció entender. De repente cayó sobre sus rodillas y extendió las manos con desesperación, gritando. «Tú, también eres un hombre de Jesús, ¡ven conmigo!»

¡Un chico de doce años! Es verdad, pero incluso un niño, si se ha entregado a su Salvador no teme ser usado por el Salvador. No hubo más que un momento de sorpresa, un momento de duda, y el chico se puso por completo a la disposición del Maestro. Como un nuevo Samuel que estaba dispuesto a obedecer a Dios en todas las cosas, aceptó la llamada de Dios. El forastero saltó sobre la silla, tomó al chico cristiano y colocándole detrás volvió a emprender el galope.

Ma-Na-Si empezó a pensar la cosa otra vez. Había aceptado la invitación de echar un demonio en el nombre de Jesucristo. Pero, ¿era digno de ser usado por Dios de esta manera? ¿Era su corazón puro y su fe firme? Mientras galopaban fue buscando en su corazón si había algún pecado no confesado y del cual no se hubiera arrepentido. Luego pidió dirección para saber lo que debía decir y cómo debía actuar, y trató de recordar los casos de la Biblia de posesión por demonios y lo que se decía en ellos. Luego, de un modo simple y humilde rogó que Dios le revistiera de su poder y misericordia, pidiendo ayuda para la gloria del Señor Jesús. Al llegar a la casa encontraron algunos miembros de la familia que estaban sujetando a la mujer atormentada en la cama. Aunque nadie le había dicho nada del mensajero que había ido a buscar al pastor nativo, cuando la mujer oyó las pisadas fuera en el patio empezó a gritar: «Todos fuera, para que pueda escapar. ¡Debo escapar! Ha venido un «hombre de Jesús. No puedo resistirlo. Su nombre es Ma-Na-Si.»  Ma-Na-Si entró en el cuarto, y después de un saludo de cortesía, se arrodilló y empezó a orar. Luego cantó un himno de alabanza al Señor Jesús. Luego en el nombre del Señor resucitado, glorificado y omnipotente ordenó al demonio que saliera del cuerpo de aquella mujer. Al momento la mujer se quedó calmada, aunque prostrada y débil. Desde aquel día se ha encontrado perfectamente bien. Se quedó asombrada cuando le dijeron que había pronunciado el nombre del chico cristiano, porque ella nunca lo había oído antes, ni lo había leído en ninguna parte, porque todo el poblado era pagano. Pero aquel día fue un verdadero «comienzo de días» para los de aquel poblado, porque la Palabra de Dios tuvo libre curso y fue glorificada[1]

VERSÍCULO DE APOYO

Predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. 2 Timoteo 4:2 [NTV]

REFLEXIÓN

¿Usted hubiera actuado como Ma Na Si? La respuesta depende de la disposición y competencia que posea para actuar en ese momento.  La disposición proviene de su relación con el Espíritu Santo, si es pobre, sentirá entonces miedo, y no querrá enfrentar dicha situación, tendrá miles de excusas para no ir. Y su competencia es el resultado de esa misma relación con el Espíritu Santo, la cual ha adquirido porque Él le ha enseñado Su Palabra, Su Verdad, y así ha entendido y ha aprendido de Él, por lo tanto, puede actuar en Su Nombre en un caso tan complicado como el que tuvo que enfrentar Ma Na Si.

Un buen hábito para aplicar: Relaciónese con Jesús, lea la Biblia, estúdiela, examínela, aprenda de ella y conviértala en una realidad en su vida. De esta manera, se transformará en un pequeño Ma Na Si, un hijo de Dios dispuesto y capacitado para confrontar el mundo con la Verdad de Dios.

Desinstale de su ser: La negligencia, en los asuntos espirituales que le demanda el Señor para tener una relación correcta, veraz y real con Él. Si no lee la Biblia, si no ora, no podrá aplicar su Verdad y se convertirá en un cristiano débil, sin resolución sin disposición y sin aptitud para enfrentar los problemas en su vida.

[1] El cristiano de rodillas. Autor Anónimo.

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