MORIR DE A POCO

abril 26, 2018

Soy el árbol más alto del parque. Me siento orgulloso y sano. Todos me admiran y envidian.

Los niños me llaman “el árbol grandón”

Pero ocurre lo inesperado y sucede la desgracia: un huracán azota la ciudad. Yo soy el árbol más fuerte y más alto, pero él es aún más fuerte que yo. Me zarandea con violencia. En un instante empiezo a crujir. Una de mis ramas de desgaja. Los árboles se cobijan muy bien unos en otros. Es a mí al que azota el huracán. Mis ramas se rompen y yo, zarandeado con más y más fuerza, caigo con un fuerte crujido, al suelo. Todo ha terminado para mí. ¡Es el final!

Un hombre me ha cortado las ramas más bonitas y frondosas. Me he enterado que han sido plantadas en el parque infantil de la ciudad y que ya son grandes árboles.

Ahora llegan los fríos. Un hombre se acerca a mí y comienza a darme golpes con el hacha, sin piedad. Me hace pedazos. Me lleva, poco a poco, a su casa, para calentar a su familia en los días de invierno y poder dar comida caliente a su hijo de tres años. Voy muriendo lentamente…lentamente…Pero ahora descubro que muero feliz.[1]

VERSÍCULO DE APOYO

Ustedes saben que el grano de trigo no produce nada, a menos que caiga en la tierra y muera. Y si muere, da una cosecha abundante. Juan 12:24 [TLA]

REFLEXIÓN

Muere de a poco el pecador con nuestra acción de evangelizar, somos como árboles de vida, damos savia a otros al entregar el evangelio, al regalar la Cruz del Señor Jesucristo a otro para que pueda morir a sus pecados. Cada vez que hablamos de Cristo morimos poco a poco para este mundo y consignamos poco a poco en los Tesoros del Cielo. Morimos de a poco, unos con Cristo, otros sin Él, pero la diferencia entre unos y otros, entre cristianos e incrédulos, es que los creyentes hemos dado de nuestra madera para que otros puedan vivir, puedan conocer del Señor. Por ello, es muy importante saber cuál es el propósito para el cual el Señor te creó, y si lo sabes, podrás ver la estela del evangelio que entregaste con tus obras, con tus predicas, con tu testimonio, con tu vida consagrada al Señor, y al final, como el árbol podrás decir: «ahora descubro que muero feliz.»

Valor a aplicar: La consagración para cumplir con el propósito para el cual el Señor nos dio la oportunidad de estar en este mundo, entregar su evangelio para dar vida a otros.

Anti Valor: La desidia, la pereza e indolencia de hacer la tarea y de proponerse enseñar de Cristo, a  aquellos que no le conocen, la apatía y desgano de no querer seguir a Cristo porque genera intervención real y concisa en los hábitos de vida.

 

[1] Tomado de http://lafuentequemana.blogspot.com.co/2015/06/ Autor: María Antonia Miguel Gómez. Tomado en la fecha: 16/04/2018

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