NAPOLEÓN Y EL SOLDADO EBRIO

febrero 21, 2017

Aunque saben que la ley de Dios dice que quienes hacen esto merecen morir, no les importa y siguen haciéndolo. Además afirman que están en lo correcto los que hacen todo eso. Romanos 1:32

El día siguiente de la batalla de Austerlitz en la que Napoleón se hizo casi soberano de toda Europa, un ayudante del emperador entró en la tienda imperial con precipitación.

“¿Qué sucede?” Preguntó el emperador. “Señor respondió el oficial, uno de los soldados que más se distinguieron ayer; ha matado a uno de sus jefes. Y ¿no le han fusilado todavía?, “es que el homicida estaba ebrio” explicó. “¡Dejadle que se le pase su borrachera y traédmelo mañana!” Respondió Napoleón.

Napoleón volvió a sus asuntos pero al día siguiente estaba en pie más temprano que el resto para definir aquel problema. “¡A ver; que conduzcan ante mi presencia al soldado que ayer mató a un jefe!”, exclamó el emperador.

Cuando el joven se presentó cayó llorando a sus pies mostrando aún las huellas de la batalla. “¡De pie soldado! Dicen que diste muerte a nuestro alférez”, prosiguió Bonaparte, a lo cual el joven intentó balbucear algunas excusas. “Dicen que estaba ebrio” “Así es señor” “¿De qué vino bebisteis?” Del de 6 sueldos, y ¿cuánto tragasteis? “Cuatro cuartillos” Napoleón se volvió a uno de sus soldados y dijo: Traigan 5 cuartillos del vino de seis sueldos” Cuando trajeron el líquido, el emperador obligó al soldado que bebiese toda aquella cantidad y espero que produjera efecto. Cuando el joven mostraba signos de estar alcoholizado el emperador le dijo: “Firme” Con gran esfuerzo el joven se mantuvo en pie. A su derecha había un precipicio a escasos diez pasos. Dijo Napoleón: “Doce pasos a su derecha” El soldado lo miró y comenzó a caminar deteniéndose en el paso diez.  “¡Dije doce pasos, soldado”, gritó Napoleón! “Señor”, exclamo el joven, “si doy un paso más me despeño” “De modo que – replicó el emperador con ironía, “os dais cuenta de un peligro para vos habiendo bebido 5 cuartillos de vino y ¿no os la disteis ayer cuando matasteis a un superior habiendo bebido sólo cuatro cuartillos? ¡Que sea fusilado en el acto!

Una de las grandes diferencias entre un creyente (cristiano) y un incrédulo es que el cristiano reconoce el pecado, mientras que el incrédulo puede estar revolcándose en el mismo pecado y lo niega.

Dios ha escrito sus leyes en nuestro corazón, aunque se rechace Su ley eso no exime a nadie de su Justicia ni les hace menos responsables ante Él. Lo grave del problema del pecador es que a medida que rechaza la Ley del Señor, su corazón se va endureciendo más y más hasta el punto en el cual ya no puede retornar para acercarse a un Dios que le quiere perdonar, porque ama más al pecado que a Dios mismo. Y de las concepciones que adopta el pecador para justificar sus actos pecaminosos son por lo general basados en su genética, en su educación, en las circunstancias, en cualquier cosa, menos en su propia responsabilidad. Cada vez que culpamos las circunstancias o a otras personas por nuestros pecados, estamos haciendo lo mismo que hicieron Adán y Eva cuando Dios les preguntó por su desobediencia en el Jardín del Edén, cada uno señaló al otro, más ninguno aceptó su responsabilidad de haber pecado contra Dios.

La madurez del creyente consiste en aceptar que sus actos son cometidos bajo su responsabilidad, de esa manera podrá sentir el sincero arrepentimiento y pedirle perdón sincero de sus actos pecaminosos a Dios y de esa manera hacerse responsable de las consecuencias de sus actos para trabajar y en lo posible intentar restaurar el daño ya causado.

Dios nos ha posibilitado todo para que le podamos seguir y al llegar arrepentidos sinceramente, Jesucristo nos da el perdón y nos salva. Él siempre nos espera y nos extiende Su Mano amorosa, no la desechemos con excusas, al contrario reconozcamos nuestros actos para ser liberados del mal. Jesús es la Salvación, aceptémosle como Señor de nuestras vidas.

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